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Imaginemos un mundo donde…

por Sebastian Florindo Email

Imaginemos un mundo donde, Washington, Nueva York, Miami, Los Ángeles, San Francisco,

Boston, Chicago, y Detroit sean bombardeadas por libios, iraquíes, afganos, nor vietnamitas, salvadoreños, etc. Imaginemos un mundo donde peruanos, ecuatorianos y bolivianos saqueen el oro de los bancos centrales europeos, imaginemos un mundo donde en los museos egipcios estuvieran el Big Ben y la Torre Eiffel, imaginemos una Europa esclavizada por africanos; y europeos rubios y altos, vendidos como mercancía. Imaginemos que en las universidades europeas leen a Borges y Eduardo Galeano, imaginemos que el guaraní es la moneda internacional de cambio en vez del Dólar. Imaginemos que el mundo se comunica en mapuche, aymara o en otra lengua latinoamericana, imaginemos que no se condene a los países que exportan droga sino a los que la compran, por ser los financistas,

imaginemos a la celeste y blanca, con su sol en el medio, flameando sobre el palacio de Buckingham… quizá, si pudieran imaginar todo esto, los ingleses entenderían porque deben irse de Malvinas, las Sándwich y las Georgias del sur.

2 de abril, Día de la soberanía argentina en el Atlántico sur.

Defender la muerte

por Sebastian Florindo Email

Defender la muerte

Cuando uno habla del corte de la ruta por parte de los asambleístas de Gualeguaychu en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se encuentra con una mayoría de personas que repudian el corte. Parecería el derecho a vacacionar en Punta del este es mayor al derecho de la gente de luchar por la salud y por la vida.

Pensándolo bien esto parece ser un patrón en la capital del país. Cuando se prohibió fumar en lugares públicos también salieron los defensores de la muerte embanderados bajo el derecho a fumar, a morir, a matar. Cuando los piqueteros cortaban en puente Pueyrredon en el sur de la ciudad a mediados de 2001, eran unos “vagos, negros de mierda” según la opinión general en la parte acomodada de ciudad;

No importaba que los chicos se murieran de hambre, y esto en sentido literal. Muchos chicos morían desnutridos o por falta de atención sanitaria, pero en la zona norte solo se salió a protestar con el corralito. Era mas entendible para este sector social luchar por el derecho a cambiar el auto o irse de vacaciones a Miami que que el sector pobre luche por la vida. Con la crisis energética se habla de poner centrales atómicas para abastecer la demanda creciente de electricidad, pero cuando uno les cuenta que en la ciudad de Lima, cerca de Zarate y la central atómica de Attucha, se ve a la gente con la piel quemada por la radioactividad o que la ciudad se ve plagadas de cáncer, diabetes y otras enfermedades, como en Ezeiza, cerca del centro atómico parecen no escuchar y dicen, nosotros necesitamos electricidad, el costo no importa.

Son los mismos defensores de la muerte los que hablan de sus derechos a generar basura en exceso, aunque eso signifique que la gente de Gonzalez Catan se tapen de desperdicios, sus aguas se contaminen y el aire sea nauseabundo. Pero hay que defender la muerte, el derecho a matar. Es la gente que usa perfumes aunque a muchos los pueda afectar, taponar las vías respiratorias, pero tener “rico olor” es mas importante que la salud de otros. Defender la muerte es cuando digo que soy alérgico al látex y el esmalte de uñas me hace mal y la gente se ríe y habla del derecho a pintarse las uñas, ese es el derecho de defender la muerte.
Defender la muerte implica defender a los militares que realizaron una represión sangrienta en la ultima dictadura, por que defender la muerte significa que el orden es mas importante que la vida. Defender la muerte fue cuando Lopez Murphy en el 2.001 quiso transferir recursos de la universidad hacia alimentos y medicamentos que podían salvar vidas los estudiantes “progresistas” marcharon e hicieron renunciar al ministro y volver atrás con la medida, ellos defendían la muerte.
Defender la muerte es olvidar que la vida es uno de los máximos bienes con los que cuenta el ser humano, para revindicar los derechos a la coquetería y la frivolidad. Defender la muerte es una actitud de vida, una actitud que no comparto.

Sebastián Florindo
7 de septiembre de 2007