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Pequeña epistemología de la reincidencia

por Sebastian Florindo Email

Pequeña epistemología de la reincidencia*

La reincidencia es la figura legal que establece que alguien que cometió un delito, y fue condenado, ante la comisión de un nuevo delito será sancionado más duramente. Esto no solo parece ser el encubrimiento de una penalidad, mas allá de la pena establecida, sino que sienta las bases para una sociedad aristocrática - donde habita gente de bien y reincidentes, que deberían ser castigados más duramente- sino que también implica un vicio a los juicios que involucran a los que tienen antecedentes.

Cuando se escucha el galope de cascos, se suele pensar en caballos, nunca en cebras; pero no tenemos forma de saber hasta no hacer otras comprobaciones si son realmente caballos. De la misma manera, cuando una persona con frondosos antecedentes se enfrenta al tribunal, se suele pensar en su culpabilidad, y esto antes de cualquier comprobación positiva. Y es más, quizá llegó al tribunal porque las fuerzas policiales cometieron el mismo prejuicio epistemológico, y se puede ir aún afuera del poder punitivo estatal y pensar que la persona con antecedentes fue denunciada solo por tener estos. Total el camino a la condena para estas personas con prontuario es más fácil que para otros, y tiene como corolario que el que denuncia sin fundamentos también sabe que será menos posible que sea condenado por su fabulación dañina, y por eso ante la persona con antecedentes se suele denunciar con mayor impunidad.

Todos hemos sufrido en carne propia, en familiares o conocidos, historias médicas de personas con dolencias que arrastran por meses, años e incluso décadas, sin solución, y conocemos algunos casos en los que lustros después se descubre que la dolencia tenía otra génesis, y recién ahí se puede empezar a tratar el problema realmente y dejar de dar paliativos que, muchas veces, son inútiles, y casi siempre con efectos colaterales. Básicamente el error del tratamiento por años suele ser producto de un primer diagnostico errado, que hace repetir la practica médica. En medicina cuesta la salud y la vida, en la justicia, la libertad, la salud y la vida.

Ya vimos que los antecedentes vician los juicios posteriores. Si a esto le agregamos que el antecedente también puede ser erróneo, no se puede más concluir que epistemológicamente el uso de antecedentes es un disparate a la hora de administrar justicia, un disparate que excede a los acusados en juicios ya que los antecedentes suelen "contagiar" al barrio, que es tildado de peligroso y hace que ante un delito no resuelto se mire naturalmente a una zona geográfica en una socialización de antecedentes.

Sebastian Florindo, Buenos Aires 28-5-2014

Nota escrita para la Asociación Pensamiento Penal. Publicado originalmente en La Revista Pensamiento Penal.

El argentino promedio no esta en contra del delito

por Sebastian Florindo Email

El argentino promedio no esta en contra del delito

El Argentino promedio no esta en contra del delito, esta frase, chocante de por si, pretende introducirnos en una meditación. Como puntos aclaratorios diré que cuando me refiero al “argentino” hablo de la mayoría de la población y por delito tomare a toda la violación de las normas.

Hoy esta muy de moda, impulsado por los medios masivos de comunicación, hablar de imputabilidad de menores y penas mas duras, llegando incluso al pedido de pena de muerte.

En una situación habitual en la Metrópoli de Buenos Aires podemos analizar un caso testigo, del cual se puede extraer una lógica que se repite en otros ámbitos.

Un colectivo va con exceso de velocidad, sin detenerse donde los pasajeros desean subir. En general esta violación de las normas genera que los pasajeros varados insulten o hagan gestos, y dada la oportunidad (Por ejemplo que el colectivo sea detenido por un semáforo o por el trafico), llegar hasta el medio de transporte y golpear la puerta, a veces con violencia; en este caso es claro que las victimas que quedan varadas reaccionan.

Del colectivero infractor, siendo alguien que no acata las normas, no se puede esperar mucho, las autoridades de transito suelen estar ausentes o en caso de que estén suelen mirar para otro lado, estas cosas se han dicho mucho, pero se puede ir mas allá. ¿Qué pasa con los pasajeros que están en el medio de transporte? Cualquiera sabe que los pasajeros, en general, no solo no alzan la voz en señal de protesta, sino que suelen quedar complacidos por que llegaran a destino más rápidamente. Hasta acá parece claro que lo que importa para pasar a la acción es ser victima y no que se viole la norma.

Este argumento de que al argentino no le molesta el delito sino ser la víctima, se podría objetar diciendo que en las marchas por pedido se seguridad hay mucha gente, que sin ser victima, participa. Esto me parece que no es tan así, ya que la persona que acompaña, generalmente se siente victima por un sentimiento de empatía. La muy oída frase “a cualquiera le puede tocar” no hace mas que confirmar que uno “salta” solo cuando se siente víctima y si no prefiere no meterse, y una sociedad funciona bien, solo en marcos de solidaridad y respeto, cuando un individuo se preocupa hasta por lo no puede afectar. Este no meterse muchas veces implica una complicidad por omisión y no seria complicidad en el caso de que alzar la voz imponga un gran riesgo para la persona.

Ahora veamos, somos cómplices por omisión, y no solo eso, sino que nos solemos sentir reconfortados cuando de la violación a la norma obtenemos un beneficio (Cuando el colectivo no le para a los demás llegamos más rápido). Este es el problema social con el delito, a mi entender. Porque es entendible que los delincuentes delincan, eso los define como tales, pero si hay 30.000.000 de cómplices, aunque sea por omisión, en el país (excluyo a los menores por su imputabilidad) el tema se complica.

El artículo 108 del código penal argentino dice:

Art.108.- Será reprimido con multa de $ 750 a $ 12.500, el que encontrando perdido o desamparado a un menor de diez años o a una persona herida o inválida o amenazada de un peligro cualquiera, omitiere prestarle el auxilio necesario, cuando pudiere hacerlo sin riesgo personal o no diere aviso inmediatamente a la autoridad.
(texto originario con la modificación dispuesta por la ley 24286 en cuanto al monto de la multa).”

Este articulo refuerza la idea de que el delito esta mucho mas extendido de lo que pretendemos. ¿Cuánta gente circula por Retiro a Constitución? ¿Cuántos prestan auxilio a los niños de la calle? Parecería que para la gente “de bien” hay “no delitos”, que son los que no los afectan ni directamente ni empáticamente y delitos malos, que son los que les puede suceder. Así creo que no se puede combatir la criminalidad, porque simplemente toda la sociedad esta inserta en el sistema criminal y ayuda a su reproducción.

Sebastian Florindo

26 de abril de 2009